El Oricteropo Acezante

Qué sensibilidad | Feb 16th 2008

Hace algunas semanas leí una entrevista al crítico de arte Waldemar Sommer, y me pareció interesante rescatar unas líneas que reflejan el espíritu del fascismo chileno (el caballero en cuestión es de derecha, lo que en Chile equivale a ser pinochetista). Cito:

“… Me acuardo de una jaula de Guillermo Núñez (…), una jaula destartalada, en la cual colocó una corbata a rayas, de colores rojo, blanco y azul, o sea la bandera chilena, con el nudo hecho y puesta al revés, como una horca. Ahí lo decía todo: el chileno ahorcado dentro da la jaula del gobierno militar. Genial la idea.

¿Y alabó su trabajo?

Por supuesto. Después lo echaron del país, una verdadera maravilla de estupidez, lo más tonto del mundo. Yo justifico que echen a un tipo que está disparando un fusil, pero no a un ciudadano que tiene ideas distintas.”

O sea, acepta un castigo que no se aplica en ningún país democrático del mundo -el exilio-, excepto para aquellos con cualidades especiales. Quizá si hiláramos más fino podría ser que encuentre razonable la tortura y las ejecuciones que hubo durante la dictadura, pero no a gente con aptitudes artísticas.

Alguna vez se publicó, para ensalzar la imagen del fallecido senador Jaime Guzmán, ideólogo de Pinochet, que éste intercedió para rescatar al músico Ángel Parra del campo de concentración de Chacabuco. Al parecer esto fue cierto pues existe una carta que Parra le habría enviado al político agradeciendo su gestión. Lo que nos dice dos cosas: Guzmán tenía muy claro lo que estaba pasando en Chile (los fascistas siempre argumentan que todas las atrocidades cometidas por Pinochet y sus secuaces fueron arrancadas de tarros de los mandos medios, lo que resulta absurdo si vemos la cantidad de edificios e infraestructura utilizada para torturar y matar durante la dictadura), y que sólo iba a rescatar a aquellos “dignos de vivir”. Ángel Parra se salvó  quizá por ser hijo de la Violeta, quizá por ser un buen cantante, pero se salvó por ser especial.

Me sorprendió un poco la película “El Pianista”, de Roman Polanski, pues en ella un oficial nazi protege a un judío fugitivo de los campos de exterminio por la razón de que es un eximio pianista. A la hora que le toca La Polca de los Perros, el pobre Szpilman habría quedado convertido en jabón en menos de lo que me demoro en decir “¡Auschwitz!”. Digo que me sorprendió pues finalmente el mensaje es ése, el nazi salva al músico sólo porque le agrada, pero deja que todos los otros millones de judíos, gitanos, comunistas, homosexuales, personas con defectos genéticos, eslavos, sudamericanos, negros, testigos de Jehová -entre otros-, se mueran en los recintos de exterminio. Y eso que Polanski es un sobreviviente del ghetto de Varsovia.

En fin, Guzmán, Sommer y muchos otros dejaron que corriera la sangre por las calles, pero quizá se sintieron muy humanos al rescatar a un par de nombres de entre la matanza. Qué sensibilidad.


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Comentarios sobre arte y cultura en Chilito. Como si el autor fuera muy sensible e instruido.

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