“Unos leen el horóscopo. Nosotros, los pronósticos de nuestros analistas”. Así reza el slogan publicitario de la empresa de inversiones Celfín Capital, que es la que trajo a Ennio Morricone a Chile. Supuestamente estos tipos te dicen qué hacer con tu plata (a parte de entregársela a ellos) pues su profundo conocimiento de los mercados y políticas internacionales les indica que es mejor comprar acciones en la bolsa de Ulan Bator que invertir en fondos mutuos en Kiribati, pues los indicadores señalan que a futuro eso es lo más rentable.
Lo que no previeron fue el exceso de demanda por el recital de Morricone, así que tuvieron que programar otro. Tampoco previeron el exceso de demanda para el segundo recital, ni menos que se producirían incidentes al acabarse las entradas. Tampoco previeron que quizá iba a ser necesario otro concierto, pero ya la agenda del músico italiano se lo impedía. Bien fuleros los analistas.
Los ingenieros y licenciados varios con sus cartones y engolado hablar que los ubican por sobre la mayoría de los mortales no previeron la caída del muro de Berlín (menos la del puente Loncomilla), ni la Revolución de los Pingüinos. Ni el Corralito en Argentina. Los analistas no preveen las periódicas caídas de las bolsas internacionales. Entre muchas otras cosas.
Por lo tanto, señores de Celfín Capital, prefiero seguir leyendo el horóscopo.